Auténticas jarapas artesanales en multitud de colores y diseños.
Tras la expulsión de los moriscos, a los muchos telares de estas tierras para la confección de la seda se les dio un uso casero.
Consistía sobre todo en el aprovechamiento de las telas usadas o harapos, siguiendo los mismos patrones artesanales de ejecución que se usaban en la antigüedad.
De esta palabra se deriva el nombre, que de hecho tendría que haber sido harapas, pero la aspiración de la H, típico fenómeno lingüístico andaluz, la trasformó en J.
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